jueves, 17 de mayo de 2012

11ª Bienal de La Habana, PROYECTO PALADAR


Con motivo de la 11na Bienal de  La Habana se está presentando del 11 al 20 de Mayo en el patio del Centro de Arte Wilfredo Lam el Proyecto Paladar; propuesta que consiste en un encuentro cultural llevado de la mano por la gastronomía entre el pueblo cubano y el pueblo norteamericano.
Tuvimos la oportunidad de participar en una de las noches  de intercambio gracias a Joel Arce, Gerente del Restaurante Paladar Vistamar, cliente nuestro que tuvo la deferencia de invitarnos para que pudiéramos saborear las bondades de esta improvisada cocina intercultural al amparo de una arquitectura perecedera, motivo central que trae a colación este artículo.
Con una selección de diez paladares de la Habana y diez chefs de cocina de Nueva York trascurre la muestra, donde se unen unos y otros, rotándose cada noche, para planear y elaborar las exquisiteces que se complacen en degustar los comensales, siempre recibidos por  un nuevo anfitrión y una nueva propuesta culinaria.
En cada encuentro se dan literalmente la cara comensales cubanos y foráneos, que son dispuestos intencionalmente a uno y otro lado de las largas mesas con el objetivo de propiciar el diálogo y el intercambio.


El arte culinario queda enmarcado por la arquitectura efímera creada por el arquitecto norteamericano Craig Shillito, de Cycle Architecture, a través de la reutilización de cinco contenedores para la transportación de mercancías, a modo de instalación artística diseñada con un carácter utilitario bien definido. Todos los materiales utilizados en la instalación son reciclados: los contenedores perforados a ambos lados sirven tanto de área de mesas como de local de elaboración y preparación, tubos de acero galvanizados empalmados por codos y tés tomados de instalaciones hidráulicas funcionan a modo de barandas, a la par de soportar los bancos y mesas de tablas de pino.
El juego volumétrico permite dobles puntales y una terraza en planta alta, sobre el área de elaboración, a la cual se accede a través de una escalera de madera natural sin barnizar, a modo de salón abierto, pero con un carácter más privado. La iluminación simple, con cierto carácter industrial, contribuye a resaltar en la noche la imagen cruda y expresiva de un ambiente que potencia los materiales en su estado natural de desgaste y corrosión, sin por ello disminuir la belleza basada en su reutilización.



Sin duda esta es una muestra de que la arquitectura contemporánea se interesa también por mantener su lugar dentro de las artes, de donde desgraciadamente la hemos relegado en nuestro pequeño archipiélago,  convirtiéndola en su mayoría (para no absolutizar) en el mero hecho de construir muros y bloques anónimos que no trasmiten un sentimiento o una impresión, como debería corresponder a “la madre de todas las artes”.

Comentario aparte, hubiera sido mucho más interesante ubicar esta “instalación” en un espacio abierto, plaza o parque, como se hace con otras muestras de esta y anteriores Bienales. Pensamos en nuestra humilde opinión que esto ayudaría a generar en nuestra población la inquietud sobre las posibilidades y potencialidades que brindan a veces materiales que desechamos a diario por buscar una “belleza arquitectónica” más tardía e inoportuna que interesante, en la cual por supuesto nos incluimos los arquitectos cubanos, que bien poco trabajamos y fomentamos la arquitectura efímera.

 



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